La copa de vino

Tras el avance que ya publicamos en forma de nota breve sobre el consumo del alcohol han surgido diversos comentarios por lo que he creído que puede ser interesante ampliar un poco más la información.

El alcohol ha sido producido por el ser humano desde hace unos 10.000 años, de la mano del desarrollo de la agricultura en el Neolítico. Los datos más fiables sobre su manufactura deliberada datan de cerca de 7000 años  A.C. en China. En términos generales, las bebidas alcohólicas son producto de la fermentación del azúcar de los cereales (cerveza) o frutas (vino) a alcohol por la levadura Saccharomyces cerevisiae. Los licores o bebidas destiladas se obtienen de la destilación de cerveza o vino. Consecuentemente, la composición de las bebidas fermentadas (cerveza y vino) y las destiladas (licores o resto de bebidas alcohólicas) es diferente. Los fermentados contiene polifenoles y otros componentes bioactivos con propiedades antioxidantes del que carecen el resto de bebidas. A nivel mundial el mayor consumo de alcohol corresponde con un 45% a las bebidas destiladas,  un 34% a la cerveza y 21% al vino. 

Actualmente conocemos que el consumo de alcohol se asocia a un aumento de la mortalidad cardiovascular siendo la segunda causa más importante de discapacidad ajustada por años de vida en los países desarrollados. Un 33% de las muertes atribuibles al alcohol son debidas a enfermedad cardiovascular. La mortalidad por cardiopatía isquémica es un 65% superior en varones muy bebedores y más del doble en mujeres. 

La presión arterial sistólica y la diastólica aumentan a medida que el consumo supera las tres unidades al día (una unidad equivale a 80ml de vino, 250ml de cerveza de graduación normal o 30-50ml de licor) al igual que el riesgo de arritmias cardiacas, miocardiopatías, muerte súbita y accidentes cerebrovasculares.

El consumo bajo (1 unidad) se asoció en algunos segmentos de la población con menor mortalidad principalmente debido a la menor mortalidad coronaria. Esto hoy en día parece que podría deberse a posibles factores de confusión en los estudios epidemiológicos que investigan los efectos del consumo de alcohol. Uno de ellos arrojó dudas sobre la existencia de algún efecto beneficioso derivado del consumo moderado e indica que los abstemios son los que tienen el menor riesgo cardiovascular y que cualquier grado de consumo de alcohol se asocia a presión arterial elevada y mayor índice de masa corporal (es decir, sobrepeso). También se ha demostrado que un consumo de 1 vaso de vino, cerveza  u otra bebida alcohólica puede incrementar de forma significativa el riesgo de fibrilación auricular en las siguientes cuatro horas pudiendo incluso triplicar este riesgo si el consumo es de dos o más bebidas.

La creencia popular que el alcohol es bueno o saludable para el corazón, basado en estudios observacionales con limitaciones en su análisis, y a pesar de la controversias que esto puede generar en el ámbito de las investigaciones, no puede hacernos olvidar otros efectos deletéreos sobre las funciones cognitivas y  la demencia, riesgo de cáncer, riesgo durante el embarazo, sobrepeso, enfermedad hepática y un largo etcétera.

Author

Rosa Porro

Soy Rosa Porro, licenciada en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura. Doctorada en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Dentro de mi ámbito de trabajo, la cardiología, mi especialidad es la arritmología.

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