Contaminación Ambiental y salud cardiovascular

La contaminación ambiental contribuye al incremento en las cifras de mortalidad asociadas a enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Se estima que es responsable de una pérdida de expectativa de vida de 2.9 años y de un exceso de mortalidad de 8.8 millones/año. Como cardiólogo estos datos me resultan muy preocupantes.

  Los mecanismos que se postulan como desencadenantes de su efecto nocivo son consecuencia de la promoción y desarrollo de ateroesclerosis en los vasos sanguíneos, la activación de la cascada inflamatoria, la trombosis y la interacción con otros tradicionales factores de riesgo cardiovascular.

  Entre los principales agentes responsables están las partículas en suspensión y los gases contaminantes como el ozono, el dióxido de nitrógeno, el monóxido de carbono o el dióxido de azufre procedentes de los combustibles fósiles consecuencia del exceso de tráfico terrestre y aéreo, las plantas industriales, la producción excesiva y no sostenible de alimentos cárnicos y derivados, así como el uso de la calefacción en los hogares. Esta polución no solo afecta a la calidad del aire que respiramos sino que contamina igualmente el suelo y el agua que consumimos al aumentar la exposición a productos de riesgo para la salud como es la presencia de plomo, arsénico o cadmio. Además el empleo de combustibles fósiles es causante inequívoco del cambio climático y del denominado “Efecto Invernadero” que está afectando a nuestro planeta. 

  Otro aspecto de la contaminación del que menos hablamos, es la contaminación acústica. La exposición a niveles de ruido por encima de 55 decibelios se ha vinculado a desarrollo de hipertensión arterial, ateroesclerosis, enfermedad coronaria y mortalidad cardiovascular.

  Las diversas sociedades científicas apoyan aquellas medidas que incentiven mejorar la calidad del aire fomentando el uso de transporte público, vehículos menos contaminantes (eléctricos o híbridos), uso responsable de la calefacción, desarrollo e investigación en energías renovables, producción sostenible y consumo moderado de productos cárnicos. 

  Sería aconsejable que las personas con enfermedad cardiovascular o alto riesgo de padecerlas evite la exposición mantenida a altos niveles de polución. Los filtros de aires de partículas de alta eficiencia (HEPA) y las mascarillas faciales N95 podrían ser un elemento protector en estos ambientes.

  Cuidar y proteger la salud de nuestro planeta es también una forma de invertir en nuestra propia salud. 

Podéis consultarme sobre este y más temas en mi consulta de cardiología en Cáceres

Author

Rosa Porro

Soy Rosa Porro, licenciada en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura. Doctorada en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Dentro de mi ámbito de trabajo, la cardiología, mi especialidad es la arritmología.

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