Hoy vamos a hablar de la relación que existe entre artritis reumatoide (AR) y la enfermedad cardiovascular (ECV), asociación que con frecuencia pasa desapercibida.
¿Qué es la artritis reumatoide (AR)?
La AR es la más común de las denominadas enfermedades reumáticas, de causa desconocida pero con patogenia inmunológica común entre ellas. Por tanto, se trata de una enfermedad autoinmunitaria que causa inflamación y daño en las articulaciones lo que puede resultar en dolor, hinchazón, rigidez e impotencia funcional. La AR puede afectar a otros órganos del cuerpo incluyendo el corazón motivo por el cual le dedicaremos este blog.
¿Afecta a todas las personas por igual?
Esta enfermedad suele afectar de forma predominante a la mujer con una relación 2:1 o incluso 3:1 y existe evidencia de afectación cardiovascular con repercusión clínica en el 2-10% de los pacientes afectados. La asociación entre AR y ECV se debe a varios factores. La inflamación crónica que ocurre en la AR, además de algunos tratamientos como los corticoides, pueden incrementar el riesgo de desarrollar problemas cardiacos.
Artritis reumatoide y salud cardiovascular
La manifestación que con más frecuencia se detecta es la afectación del pericardio (tejido que rodea al corazón) especialmente en varones con factor reumatoide positivo y presencia de nódulos, y suele ser en forma de derrame pericárdico crónico (líquido que se acumula en el pericardio) en su mayoría asintomático, sin repercusión clínica para el paciente y solo en raras ocasiones podría complicarse con derrames más severos.
Otro hallazgo de la afectación cardiaca es a nivel valvular, presente hasta en el 35% de los pacientes, especialmente en la válvula mitral, con engrosamiento de sus velos y leve prolapso de los mismos que generalmente no suele implicar una disfunción importante de la válvula.
Sin embargo, la mayor evidencia de que las enfermedades inflamatorias crónicas aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular es para la AR que supone un aumento del riesgo del 50% en estos pacientes. La inflamación sistémica, la autoinmunidad y ciertos tratamientos necesarios para su control, juegan un papel clave para el desarrollo de ateroesclerosis acelerada aumentando la probabilidad de cardiopatía isquémica precoz.
Esta es la asociación más grave y de ahí la importancia de estimar de forma periódica el riesgo cardiovascular y considerar un umbral más bajo en estos pacientes a la hora de valorar el riesgo total y la necesidad de tratamiento farmacológico para tratar los factores de riesgo principales como dislipemia, hipertensión, diabetes y por supuesto insistir en abandonar el hábito tabáquico.
Parece claro que la relación entre AR y aumento del riesgo de cardiopatía isquémica no puede quedar en el olvido.
