
Los triglicéridos son un tipo de grasa y constituyen una reserva energética fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. El exceso de triglicéridos, lo que denominamos hipertrigliceridemia, se asocia a enfermedad cardiovascular por su presencia en lipoproteínas implicadas en el desarrollo de la ateroesclerosis, además se relaciona con otras patologías no cardiacas como la pancreatitis. Cifras de triglicéridos por encima de 150mg/dl se consideran elevadas y por encima de 500mg/dl severamente elevadas.
Para mantenerlos bajo control es conveniente seguir una dieta baja en grasas saturadas procedentes de alimentos de origen animal especialmente mantequilla, manteca, nata, lácteos enteros, carnes grasas (cordero, cerdo, vísceras, embutido) y de otros alimentos de procedencia vegetal como aceite de palma y coco presentes en repostería y bollería industrial. En su lugar podemos reemplazarlos con alimentos ricos en ácidos omega-3 que contribuyen a bajar los triglicéridos. Destacan entre estos últimos, los pescados azules (atún, bonito, sardina, caballa, arenque, salmón, jurel y boquerón), también las nueces y frutos secos preferiblemente no salados y en cantidades moderadas. Conviene favorecer el consumo de carnes magras, aves sin piel, quesos bajos en grasa y lácteos desnatados. Cuando compramos alimentos deberíamos prestar atención al etiquetado y leer su contenido en grasas para evitar aquellos con alto contenido en grasas saturadas, (aceite de palma o coco), los que contienen ácidos grasos trans o bien los descritos como grasas parcialmente hidrogenadas ya que provocan el incremento no solo de los triglicéridos sino del colesterol LDL. Las grasas trans están especialmente presentes en bollería industrial, alimentos precocinados, margarinas y aperitivos salados como las patatas fritas.
Por otra parte, no podemos olvidar la relación entre los triglicéridos y el consumo de hidratos de carbono refinados como azúcares, bebidas azucaradas, refrescos, fructosa así como el alcohol puesto que incrementan la producción hepática de triglicéridos. En su lugar podemos enriquecer nuestra dieta con alimentos ricos en fibra, con un índice glucémico bajo y evitar el consumo de alcohol.
Otros factores que contribuyen al aumento de esta grasa son el tabaquismo, la obesidad, la diabetes y el sedentarismo. La pérdida de peso mejora la sensibilidad a la insulina y reduce los niveles de triglicéridos, además la combinación con la práctica regular de actividad física reduce más los niveles de manera adicional al efecto que proporciona la pérdida de peso.
En definitiva, controlar los triglicéridos conlleva adoptar un estilo de vida saludable como comentamos en anteriores post. A través de estos hábitos de vida más sanos podremos mantener a los factores de riesgo cardiovascular a raya.
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