Enfermedad cardiovascular y trastornos mentales

Los trastornos mentales (trastorno de ansiedad, trastornos de personalidad, trastornos del ánimo, trastornos psicóticos) se asocian al desarrollo de enfermedad cardiovascular (ECV) y a la reducción de la expectativa de vida. Además el riesgo aumenta conforme empeora la severidad de dichos trastornos. 

Por otra parte y en sentido inverso, el propio diagnóstico de ECV en determinados pacientes produce síntomas de ansiedad o depresión hasta tal punto que el diagnóstico de ECV puede multiplicar por dos el riesgo de desarrollar un trastorno mental. 

El mecanismo por el cual sucede esta asociación entre ECV y trastorno mental es incierto. Se supone que la exposición a factores estresantes socioeconómicos, el estilo de vida no saludable o abuso de sustancias, los propios efectos secundarios de algunos tratamientos para las enfermedades mentales o incluso un posible efecto directo sobre el sistema inmune, podrían contribuir como mecanismos involucrados en el origen. Asimismo, la capacidad de estos pacientes de acceder a los servicios de salud puede verse disminuida por su propia condición mental (incapacidad para buscar ayuda, desconfianza…) junto con el agravante de la estigmatización social a la que están expuestos. Globalmente esta situación conlleva a que reciban menor atención sanitaria y menos prevención y/o tratamiento de los posibles factores de riesgo presentes.

En las recientes guías sobre Prevención del Riesgo Cardiovascular, por primera vez se hace hincapié en la necesidad de intensificar la atención sanitaria en esta población más vulnerable con el objetivo inicial de promover estilos de vida saludables. Esta medida reduce el riesgo cardiovascular y al mismo tiempo redunda en mejoría de la salud mental. El abandono del hábito tabáquico tiene un claro efecto positivo sobre la depresión, al igual que la realización de actividad física y seguir una dieta saludable.

En el caso de pacientes con presencia ya de ECV, el desarrollo de trastornos mentales está asociado a peor pronóstico, a un incremento del riesgo de sufrir otro evento cardiovascular y a un aumento de riesgo de sufrir muertes no cardiacas, incluido el suicidio. La intervención psicológica, la atención y el tratamiento temprano de los trastornos mentales reduce los síntomas psicológicos, mejora la calidad de vida, mejora el pronóstico de la enfermedad cardiovascular presente y podría reducir la mortalidad cardiaca.

La salud mental sí que importa.

Author

Rosa Porro

Soy Rosa Porro, licenciada en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura. Doctorada en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Dentro de mi ámbito de trabajo, la cardiología, mi especialidad es la arritmología.

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