
La fibrilación auricular es la arritmia sostenida más frecuente, afecta a gran número de pacientes, principalmente a partir de los 65 años aumentando de forma progresiva con la edad, de hecho puede estar presente casi en el 18% de los mayores de 80 años.
Su tratamiento es complejo y requiere el abordaje basado en tres pilares fundamentales:
El primero sería identificar factores precipitantes de la arritmia. Nos referimos al control de enfermedades agudas como un proceso infeccioso o la disfunción tiroidea, así como el control de procesos más crónicos como la hipertensión arterial, ya que bajo estas circunstancias se incrementa la probabilidad de recurrencia de fibrilación auricular.
El segundo pilar en el abordaje terapéutico es la necesidad de prevenir la formación de trombos. Uno de los principales peligros de la fibrilación auricular es la formación de coágulos sanguíneos en el interior del corazón. Esta arritmia produce una contracción descoordinada de las aurículas, facilita que pueda quedar sangre, formando coágulos que en cualquier momento pueden desprenderse, circular por el torrente sanguíneo hasta provocar una obstrucción.
Sufrir fibrilación auricular supone un importante factor de riesgo de ictus, ya que si el coágulo obstruye un vaso del cerebro, las células no obtienen el oxígeno necesario para sobrevivir dañando gravemente la zona afectada. Se produce lo que conocemos como ictus isquémico, y esto puede dejar graves secuelas que afectan al desarrollo de nuestras actividades de la vida cotidiana y pueden generar discapacidad.
Para prevenir esta situación es fundamental el diagnóstico precoz de la arritmia que ya desarrollamos en el blog de cardiología anteriormente
Una vez se diagnóstica la clave es determinar el riesgo de ictus que presenta cada paciente. Para ello empleamos escalas, en base a las cuales lo calculamos e identificamos así al paciente que claramente se beneficiaría de un tratamiento con fármacos anticoagulantes.
¿Cuáles son los fármacos anticoagulantes disponibles?
En la actualidad existen dos tipos de anticoagulantes orales, los clásicos conocidos también como anti-vitamina K, como el caso del más popular que es el acenocumarol o sintrom, o los anticoagulantes orales directos como dabigatran, rivaroxaban, apixaban o edoxaban.
Sobre los anticoagulantes orales clásicos modifican la capacidad de coagular la sangre inhibiendo la vitamina K, una sustancia que participa en el proceso de coagulación. Estos se caracterizan por presentar un estrecho margen terapéutico. Su inicio de acción es lento, su efecto sobre la coagulación tarda en desaparecer cuando se suspenden. Además, interacccionan con otros fármacos y también con la dieta. Su efecto presenta variedad de respuesta entre pacientes. Todas estas circunstancias hacen imprescindible efectuar controles periódicos y adaptar la dosis que necesita cada paciente en el transcurso del tratamiento. Este aspecto para algunos pacientes resulta bastante incómodo, ya que les obliga a acudir al centro de salud para someterse a dichos controles.
Por otra parte, tenemos los anticoagulantes directos cuyas cualidades pueden resumirse en que su acción es directa sobre factores claves de la anticoagulación. Su efecto es inmediato, prolongado y predecible, con menos interaccción con otros fármacos y con la dieta. Tienen dosis fijas sin requerir controles analíticos, así es que ofrecen una opción más cómoda y segura.
En la práctica habitual debido a que se eliminan principalmente por el riñón, se exige una evaluación renal previa antes de introducirse.
¿Qué debemos saber cuando estamos anticoagulados?
El beneficio que aporta esta medicación conlleva asumir un pequeño riesgo hemorrágico, que podremos minimizar si tenemos en cuenta varias recomendaciones, por ejemplo:
- No se recomienda el consumo de bebidas alcohólicas
- Debemos insistir en el control adecuado de la tensión arterial
- Vigilar la asociación con otros fármacos que puedan incrementar el riesgo de sangrado, como los analgésicos, por lo que debemos consultar antes con nuestro médico
- Evitar el consumo de medicamentos sin receta o productos de herbolario
- No interrumpir el tratamiento sin consultar previamente con el médico
- Tomar el anticoagulante siempre a la misma hora
- Reducir riesgo de olvido de dosis con la ayuda de las nuevas tecnologías, que pueden ser muy útiles, como por ejemplo los mensajes de alerta en los teléfonos móviles, el uso de aplicaciones populares que también están disponibles para teléfonos móviles, incluso para los smartwatch, entre ellas podemos mencionar Medisafe Pill Reminder, Dosecast, MyMeds, Carezone; o bien las formas más tradicionales para recordar como las cajas de pastillas o pastilleros, los blisters organizados por día, así como el uso de calendarios.
- No olvidar la necesidad de seguir una dieta equilibrada y saludable, controlando el consumo de verduras, especialmente si se toman los anticoagulantes orales clásicos.
Para más información disponemos de diferentes páginas webs útiles como las europeas como www.afibmatters.org, www.atrialfibrillation.org.uk y os dejamos los diferentes links para facilitar la búsqueda.
