La hipertensión arterial (HTA) es una entidad predominantemente asintomática por lo que su diagnóstico puede llegar a ser fortuito. Cuando se han puesto en marcha programas de cribado o detección de HTA se han llegado a detectar cifras elevadas de presión arterial en más del 50% de los individuos.
Es un parámetro muy variable por lo que su diagnóstico no debería basarse en una sola medición en consulta, excepto en situaciones concretas de cifras muy elevadas que se clasificarían como HTA grave. Para la mayoría de individuos se requieren mediciones repetidas como estrategia habitual para confirmar el diagnóstico.
En general, lo recomendable sería implementar un programa de cribado de la hipertensión arterial (HTA) para todas las personas en edad adulta (mayores de 18 años). Si bien la limitación en recursos e infraestructura necesaria para ello, obliga a una determinación oportunista con especial atención a los más susceptibles como son los individuos con sobrepeso o aquellos con antecedentes familiares de HTA.
Cuando la tensión arterial (TA) es óptima (definida por cifra de TA sistólica menor de 120 mmHg y TA diastólica menor de 80 mmHg) se recomienda repetir la determinación al menos cada 5 años. Si la TA es normal (TA sistólica entre 120-129 mmHg y TA diastólica 80-84 mmHg) la medición sería aconsejable realizarla una vez cada 3 años.
En los casos de TA normal-alta (TA sistólica 130-139 mmHg o TA diastólica 85-89 mmHg) es recomendable repetirla al menos 1 vez al año. Para la población mayor de 50 años, especialmente si presentan factores de riesgo cardiovascular adicionales, podría valorarse acortar estos periodos para cada categoría puesto que con el envejecimiento los incrementos de TA son más pronunciados.
