Síncope neuromediado

El síncope es una pérdida transitoria del conocimiento que constituye una causa frecuente de preocupación entre aquellos que lo sufren y sus familiares, con frecuencia testigos del episodio de desvanecimiento. Generalmente se caracteriza por un inicio rápido, de corta duración y recuperación espontánea completa. El mecanismo que subyace es una caída de la presión arterial sistémica con reducción del flujo sanguíneo cerebral provocando el síncope.

Aunque existen diferentes tipos, el más frecuente es el denominado síncope neuromediado o reflejo, popularmente generalizado como síncope vasovagal. Suele precederse de desencadenantes como sentir dolor o miedo, tras una visión, sonido u olor desagradable, permanecer en lugares concurridos o calurosos y en situaciones como la tos, la defecación, la micción o la permanencia de pie durante largo tiempo. Así mismo, es frecuente la percepción de síntomas previos que alertan de la inminente pérdida de conocimiento, como por ejemplo comenzar con sudoración fría, náuseas, palidez cutánea y visión borrosa. 

Suele existir una historia previa de síncope antes de los 40 años. Su curso es benigno pero al ser impredecible y recurrente puede resultar incapacitante, generando miedo e inseguridad en aquellos que lo sufren y en sus familiares.

Una preocupación habitual y motivo de consulta es qué pasa si el síncope ocurre durante la conducción de vehículos. Según los datos reportados en los diferentes registros y publicaciones, el riesgo de un accidente automovilístico debido a un síncope de estas características es bajo y el riesgo de sufrir lesiones graves durante la conducción es incluso más bajo que el observado en la población general.

Parte fundamental del tratamiento es tranquilizar al paciente informándolo de la naturaleza benigna de estos episodios. Igualmente importante es enseñar a reconocer los factores y las situaciones desencadenantes, reconocer los síntomas de alerta previos para adoptar precozmente medidas que contrarresten el desvanecimiento como tumbarse con los pies en alto. Si no fuese posible, se aconseja sentarse y realizar maniobras de contrapresión.

Estas maniobras son ejercicios sencillos para conseguir un aumento de la presión arterial a través de la contracción muscular en piernas y brazos. De esta forma se evita o al menos retrasa la pérdida de conocimiento en la mayoría de los casos, siendo especialmente útil en los pacientes que pueden identificar los síntomas de alerta. Este efecto lo conseguimos de diversas formas: al apretar glúteos y extender las rodillas con fuerza, al cruzar las piernas y apretar una contra la otra, al entrelazar las manos y tensar los músculos de los brazos o apretar los puños. Con estos ejercicios logramos abortar el síncope o al menos ganar el  tiempo necesario para que la persona afectada pueda colocarse en una situación segura,  por ejemplo aparcar en el arcén si está conduciendo, sentarse o mejor tumbarse.

Otras medidas preventivas que pueden ser beneficiosas para los pacientes propensos a sufrir un síncope neuromediado es asegurar un adecuado aporte hídrico o incluso añadir sal en las comidas de forma habitual (siempre que no exista una contraindicación médica) y para evitar el síncope miccional (asociado al momento de orinar) es recomendable realizar la micción en posición sentada.

Para la mayoría de pacientes, estas simples medidas permiten controlar la tendencia a desmayarse. Solo en situaciones muy reducidas se requerirían medidas adicionales.

Author

Rosa Porro

Soy Rosa Porro, licenciada en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Extremadura. Doctorada en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. Dentro de mi ámbito de trabajo, la cardiología, mi especialidad es la arritmología.

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